lun

20

ago

2012

Películas con trucos (IV): La democratización de la tecnología

El otro día me entretenía contemplando la caja tonta cuando ví un reportaje sobre un cortometraje de animación realizado de una manera muy curiosa: dibujando fotograma a fotograma con acuarelas sobre cristal. El corto en cuestión era una versión de “El viejo y el mar” y ganó un Oscar... La cuestión es que me puse a reflexionar sobre lo curioso que era ver trabajos artesanales resistiéndose a caer en el olvido frente a las últimas técnicas digitales. Llama la atención cómo han evolucionado las herramientas que manejamos para hacer más rápido y sencillo  crear  una obra audiovisual.


Cada día que pasa se hace más sencillo crear efectos visuales. Las herramientas de montaje y  composición digital se hacen más intuitivas, y se está llegando al punto de que cualquiera puede adquirir un programa, que antes era exclusivo de empresas adineradas, y con la ayuda de video-tutoriales, que los hay a cientos en la web, introducirse en el mundo audiovisual.

 

Mélies hacía trucos con transparencias y Harryhaussen fotografiaba frame a frame a sus criaturas hasta darles vida. Incluso Disney usaba grabaciones reales para copiar los movimientos de actores en personajes de animación. La rotoscopia, el stop-motion, incluso la animación 2d (los clásicos Disney de toda la vida), se han vuelto reliquias del pasado que sólo unos pocos se empeñan en mantener con vida porque, ciertamente, es tierno y agradable ver trabajos con estas ancestrales técnicas entre las gigantescas olas de lo digital. 

 

Los dinosaurios de Jurassic Park eran originalmente en stop-motion hasta que alguien le enseñó a Spielberg las bonanzas de la recreación digital. Pasaron de fotografiar cada pose a animarlos digitalmente. Es cierto que las técnicas digitales ya habían sido usadas anteriormente en otras películas pero es que el ejemplo de Jurassic Park es perfecto para entender esas transición. Otras fueron pioneras pero ésta fue la que abrió la veda.

 

Día a día aparecen nuevos adelantos, reflejados en el cine: Toy Story, primera cinta de animación completamente digital; Final Fantasy: The Spirit Within, la búsqueda de actores digitales fotorealistas; el Gollum de El Señor de los Anillos, el primer trasplante con éxito de la actuación de un actor a un personaje digital; Avatar, el trasplante múltiple con mucha más pasta... La carrera se hace cada vez más frenética y, ¡atentos!: cualquiera puede modelar ya en 3D un dinosaurio y animarlo, tenemos Kinect de Xbox para capturar nuestros movimientos en casa,  Avatar 2 será mucho más grande pero considerablemente más barata... Es de locos.

 

Lo que antes suponía semanas de trabajo se puede llevar a cabo en horas hoy día. Por poner un ejemplo: el tracking. Éste es un proceso para calcular la posición de un mismo pixel, o de varios, en una secuencia de fotogramas de manera que podemos “seguir” y copiar un movimiento de cámara rodado previamente para así poder insertar en el plano cualquier elemento digital que deseemos. Esto que suena a chino es un proceso que cuando yo empecé en este mundillo, hará ya ocho años, era algo complejo que requería horas y  programas especialmente diseñados para esa función. Pues ya, hoy día, la marca Adobe ha sacado su versión CS6 de After Effects que, con un solo click de ratón, calcula él solito todo lo que necesitamos en pocos minuto.

 

La tecnología crece, a mi parecer, demasiado deprisa y el problema es que es un proceso imparable. No hay tiempo para asimilar conceptos. Trabajamos con herramientas que casi nunca sabemos realmente cómo funcionan. Un click y ya está, el ordenador lo hace por nosotros. Y muchas veces esas herramientas se usan una vez y luego se desechan por otras más potentes y sencillas que han salido sólo una semana después que la anterior. ¿Eso es bueno? Yo creo que no, creo que es  frenar a la creatividad privándola de tiempo para desarrollarse. ¿Qué merito tiene ya modelar en 3D un dinosaurio?

           

El año que viene se cumplen 20 años de Jurassic Park. Así que uno se pregunta: ¿cómo estaremos dentro de, no otros 20, sino 10 años?

 

 

 

Continuará...


Drender

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