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30

jul

2012

El bardo catódico (I): Anonymous, de Roland Emmerich.

El Bardo según la National Portrait
El Bardo según la National Portrait

 

Era sólo cuestión de tiempo que desde Continuará…nos acercáramos a una de las figuras más importantes de la Literatura Universal, que tampoco se ha librado de la garra de hierro de las adaptaciones hollywoodienses: la del bardo por excelencia, uno de los escritores más importantes de la cultura occidental (el otro es Cervantes, por supuesto): William Shakespeare, que tendrá su propia serie, dedicada a la representación de su figura y su obra en el universo audiovisual hollywoodiense. 

 

En esta primera entrega analizamos la casi desconocida Anonymous, que cuestiona la autoría de obras tan conocidas y relevantes como Hamlet, Romeo y Julieta o El sueño de una noche de verano, y, a la manera de Dumas, retuerce la historia hasta dar con una respuesta que, sin ser completamente rigurosa, no deja por ello de ser interesante. 

 

La figura de Shakespeare es, en realidad, mucho menos conocida y está menos documentada de lo que se cree. Poco sabemos a ciencia cierta, salvo que nació en Stratford-upon-Avon, hasta el punto de que existen numerosas teorías según las cuales se duda de la autoría de sus obras. Esa indefinición hace que su figura, como personaje de ficción, sea cómoda de adaptar y de pie a la especulación.


La primera de las obras cinematográficas que vamos a analizar se centra, precisamente, en ese espacio en blanco que es la vida de Shakespeare, rellenando los huecos con la llamada teoría oxfordiana, y componiendo, en conjunto, un curioso ejercicio metalingüístico que pasó completamente desapercibido en taquilla (y, de paso, en la temporada de premios, aunque se llevó una ignorada nominación a mejor vestuario en los Oscar, que finalmente se concedió a The Artist, a mi parecer injustamente. Anonymous es, en conjunto, una película y una obra de ficción metalingüística sorprendente, por las siguientes razones:

 

El director

Sí, se trata de Roland Emmerich, el mismo Roland Emmerich que dirigió Soldado Universal, El patriota, El día de mañana, 10.000 B.C., Independence Day (algún día expondré públicamente mi argumentos sobre por qué esta película es perfecta en su género), Godzilla o, sólo un año antes que Anonymous, la terrible 2012, sobre la que, en su descargo, diré que le sirvió para comprar la libertad creativa que le permitió rodar esta biografía apócrifa de Shakespeare.


Precisamente, su currículum juega en su contra, y aunque el trailer prometía, y mucho, y posteriormente cumplía con creces lo prometido, el hecho de tratarse de “una película de Roland Emmerich” hizo que mucha gente se echara atrás o, directamente, ignorara esta cinta. Aclarémonos: no, no hay explosiones ni catástrofes a gran escala, los datos históricos están tratados con relativo rigor (más o menos el mismo nivel de rigor que Shakespeare enamorado, y ésta no la crucificó nadie), y el guión es bueno, muy bueno, pero en eso me detendré más adelante. Eso sí, hay concesiones a la galería, muy Emmerichianas. Por ejemplo, algunos giros argumentales sensacionalistas, o las impresionantes (y digitales, por supuesto, pero aún así impresionantes) vistas generales, en este caso del Londres isabelino. O la casi paródica forma en que son representados algunos personajes (como el hiperhomosexualizado Christopher Marlowe, que ya interpretó, de forma más discreta, Rupert Everett). Curiosamente, los menos conocidos son tratados con más rigor. Pero todo es perdonable. 

 

La teoría

Edward de Vere
Edward de Vere

No, Emmerich no se ha inventado el argumento de Anonymous. En realidad, lleva circulando por los círculos académicos desde hace casi un siglo, concretamente desde la publicación del libro Shakespeare identified, de J. Thomas Looney, en 1920. Las teorías que ponen en cuestión la autoría de las obras de Shakespeare son mucho más antiguas, y señalan a muchos personajes históricos como posibles autores: Francis Bacon, el mismo Christopher Marlowe… Pero Anonymous se basa en la más aceptada, que señala al aristócrata Edward de Vere, conde de Oxford, como el probable autor. 

 

El Bardo tenía mala letra
El Bardo tenía mala letra

¿Por qué dudar de la autoría de Shakespeare? Como decíamos, del bardo no se sabe casi nada que sea demostrable en relación con la autoría: que nació en Stratford-upon-Avon, que su padre era un zapatero analfabeto, que comenzó como actor (curiosidad: interpretó al primer Mercutio en Romeo y Julieta), que escribió la mayor parte de su obra entre 1589 y 1613 y que a partir de ese año se retiró a su pueblo natal. Quienes ponen en duda su autoría se agarran al analfabetismo de sus padres e hijos, a la total inexistencia de manuscritos y a la extraña apariencia de su firma, que según algunos demuestra que él mismo era analfabeto.


¿Por qué Edward de Vere? Según el guionista de Anonymous, John Orloff, porque el aristócrata en cuestión era un conocido dramaturgo en la corte, de quien convenientemente no se conservan las obras, fue contemporáneo del bardo y vivió un tiempo en Italia, país en el que se ubican gran parte de las obras de Shakespeare. 

 

Basándose en esta teoría, la película construye una interesante intriga política en la que el conde de Oxford no es sólo un poeta especialmente talentoso, sino también consciente del poder que sus palabras pueden tener para incitar a la población a apoyar a uno u otro candidato en las intrigas sucesorias de la corte isabelina. Para hacer públicas sus obras, recurre al por entonces menos conocido dramaturgo Ben Jonson (en vida real rival de Shakespeare y luego prologuista de la primera edición de sus obras), que se niega a representar las obras con su nombre. Se atribuye el mérito un joven e irritante actor, Will Shakespeare, que en la película es presentado como oportunista y, ahora sí, iletrado (además de sorprendentemente parecido al conocido retrato de Chandos, que se cree el único pintado en vida del autor y se conserva en la Nacional Portrait de Londres). 

 

El casting

Edward de Vere según Emmerich
Edward de Vere según Emmerich

Para dar credibilidad a la historia Emmerich se rodea de un plantel de actores no demasiado conocidos, a excepción de Vanesa Redgrave y Joely Richardson, madre e hija, que interpretan a la reina Isabel en diferentes etapas de su vida (el retrato que hace de ella Redgrave es especialmente llamativo, al presentarla como una anciana prácticamente senil). Rade Spall es Shakespeare, Sebastián Armesto es Ben Jonson, y David Thewlis interpreta al temible consejero de la Reina, William Cecil. Sin embargo, el auténtico robaplanos de la película es el conde de Oxford, interpretado en su juventud por Jaime Campbell-Bower y, en su edad adulta, la más interesante, por Rhys Ifans, un actor que está creciendo como la espuma, tras pasar por la saga Harry Potter e interpretar al doctor Connors en la reciente The amazing Spiderman. Aquí, como Oxford, es un personake sublime, antipático en las distancias cortas, consciente de su propio talento y fascinante, fallido hombre de estado y poeta poseído por su genio, a la manera de Platón y sus daimones. Todo lo que Shakespeare debería ser. Sorprende recordarle como Spike, el llamémosle extravagante compañero de piso de Hugh Grant en Notting Hill. 

 

El espacio y la cinematografía

En esta película Roland Emmerich renuncia casi por completo a su forma habitual de grabar y, además de los ya citados impresionantes planos que recrean el Londres de Shakespeare, recurre a una interesante y trabajada disposición espacial que utiliza para apoyar sus ideas principales, generalmente embellecidas por iluminación a base de velas y claroscuros. Hay dos ejemplos claros (además del insistente encuadre contrapicado de Oxford, que busca enaltecerlo en cada plano): la primera discusión sobre el poder de la palabra y la representación teatral que se da en la película (y en la que participan el conde de Oxford, el de Southampton y Essex, aspirante a la sucesión) tiene lugar en un partido de tenis (o semejante), en el que Oxford es el árbitro, y en el que ambas posiciones se enfrentan. Otro ejemplo está en la escena en la que Oxford propone a Ben Jonson que represente sus obras y se las atribuya. Ocurre en un laberinto ajardinado, muy propio de la época, en el que el aristócrata enreda al dramaturgo en ciernes con sus palabras y argumentos, además de exponer claramente la teoría que sustenta el guión, sin dejarle opción ni salida posible: All art is political, Jonson, otherwise it would just be decoration. And all artists have something tos ay, otherwise they’d make shoes. And you are not a cobbler, are you Jonson. 

 

El guión

Además de una entretenida ficción histórica, un más que digno folletín, Anonymous es, como decíamos, un ejercicio metatextual, en el que, concesiones a la galería aparte, se homenajea verdaderamente la obra de Shakespeare y se juega con las referencias a la misma, plagando la vida reinventada de Oxford de incidentes que son espejo de numerosas escenas de las obras del bardo (Romeo y Julieta, Polonio tras la cortina en Hamlet, Enrique IV…). Pero, además de esos guiños intertextuales, la misma estructura de la película es un guiño a la obra de Shakespeare: el filme se abre con un parlamento teatral, y se cierra con otro (a la manera del bardo), que en este caso interpreta nada más y nada menos que Derek Jacobi. Un Derek Jacobi al que vemos llegar, en la época contemporánea, a un teatro, en el que se representa la obra Anonymous, y que nos pone en situación sobre “la obra que vamos a ver representada”. Vemos llegar a otros actores, como el que interpreta a Ben Jonson, pero, como sucedía en Jesucristo Superstar, nunca vemos entrar ni salir al protagonista. Y ese monólogo inicial justifica, en cierta manera, las inconsistencias históricas, ya que se nos advierte de que lo que estamos viendo es, sencillamente, una teoría. Y, como decíamos, un ejercico metatextual. Así, el juego cine-teatro dentro del cine-cine sobre el teatro-literatura dentro del cine es intrincado y casi tan fascinante como el laberinto de Oxford. 

 

 

 

 

Continuará…

 

Cpt. Flint Baker

cpt.flint.baker@gmail.com 

 

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Comentarios: 4
  • #1

    El Advenedizo (lunes, 30 julio 2012 15:43)

    Desde luego, el trailer si parece de una peli de Emmerich, aunque luego el rollo sea otra cosa.

    Esa frase de Oxford merece figurar en cierto archivo.

    ¿Miguel y William entra en la rotación de esta serie?

  • #2

    Ramón Vidal (martes, 31 julio 2012 10:47)

    ¡Todo un peliculon!

  • #3

    Drender (miércoles, 01 agosto 2012 23:28)

    La verdad, me gustó esta peli. Rhys Ifans está sublime y Emmerich sorprende gratamente.

  • #4

    u=7599 (martes, 23 abril 2013 02:19)

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