mié

20

jun

2012

Prácticamente perfecta en todo

Mary Poppins sobre la ciudad de Londres.

 

Estoy segura de que la mayoría de vosotros reconocería esta silueta en cualquier parte. Efectivamente, es Mary Poppins, la extraordinaria niñera que ha marcado la infancia de varias generaciones a ambos lados del Atlántico. Un personaje que ha saltado a la palestra en las últimas semanas de la mano de un proyecto que parece muy prometedor. Se trata de Saving Mr Banks, una película que pretende contar la odisea que fue para Walt Disney llevar al cine a la protagonista de las novelas de P.L. Travers.

Sí, habéis leído bien. Aunque en España no son especialmente conocidas, existe una serie de novelas juveniles que fueron muy populares entre los zagales angloparlantes de los años 30, 40 y 50 del siglo XX (hubo alguna más después, pero vino casi a rebufo de la película); historias que el bueno de Walt descubrió en la mesilla de su hija y que inmediatamente decidió llevar a la gran pantalla. Casi puedo imaginármelo, completamente absorto mientras venía a su cabeza una escena llena de color, personajes sonrientes y canciones (léase esto imaginando un bocadillo-pensamiento saliendo de la mollera de Walt).

 

Estoy segura de que la mayoría de vosotros reconocería esta silueta en cualquier parte. Efectivamente, es Mary Poppins, la extraordinaria niñera que ha marcado la infancia de varias generaciones a ambos lados del Atlántico. Un personaje que ha saltado a la palestra en las últimas semanas de la mano de un proyecto que parece muy prometedor. Se trata de Saving Mr Banks, una película que pretende contar la odisea que fue para Walt Disney llevar al cine a la protagonista de las novelas de P.L. Travers.

 

Sí, habéis leído bien. Aunque en España no son especialmente conocidas, existe una serie de novelas juveniles que fueron muy populares entre los zagales angloparlantes de los años 30, 40 y 50 del siglo XX (hubo alguna más después, pero vino casi a rebufo de la película); historias que el bueno de Walt descubrió en la mesilla de su hija y que inmediatamente decidió llevar a la gran pantalla. Casi puedo imaginármelo, completamente absorto mientras venía a su cabeza una escena llega de color, personajes sonrientes y canciones (léase esto imaginando un bocadillo-pensamiento saliendo de la mollera de Walt).

 

Pero, por mucho que ese señor fuese Walt Disney y su compañía fuera ya entonces algo bastante parecido a un imperio, la empresa no iba a ser tarea fácil. Helen (que así se llamaba en realidad Pamela Lyndon Travers, quien normalmente usaba las siglas para ocultar su nombre de mujer) no estaba dispuesta que su Mary se convirtiera en un monigote de esos que tanto gustaban a Disney y los suyos. Así, cuando la compañía intentó comprar los derechos en 1944 (la primera novela se publicó una década antes), la respuesta fue un rotundo no. Mary Poppins no sería una “caricatura animada”.

 

Sin embargo, ya en los sesenta, Travers (que había adoptado como apellido el nombre de pila de su padre) cedió, con la condición de conservar su derecho de aprobación. ¿Creéis que tuvo realmente capacidad de decisión en el proyecto? Obviamente, no. De hecho, dicen incluso que no fue invitada al estreno, pero que consiguió colarse a pesar de todo, para acabar horrorizada con el resultado. Sea verdad o leyenda, y por muy maravillosa que a una servidora le parezca la versión cinematográfica, lo cierto es que no es de extrañar que a la autora no le gustara lo que la productora hizo con su personaje y que no volviera a venderle derechos para adaptar más novelas.

 

Actriz, periodista y novelista, Helen (nacida en Australia) creó, basándose en una señora que conoció durante su infancia, a una Mary Poppins mucho más dura que la estricta, pero dulce a fin de cuentas protagonista de la peli de Disney. La original es menos guapa, más orgullosa (si cabe), más sarcástica y mucho más arisca, hasta el punto de que llama la atención que los niños lleguen a cogerle tanto cariño. Y eso es otra, los niños; Jane y Michael Banks tienes dos hermanos mellizos más pequeños que ellos, John y Barbara, que supongo que eliminaron porque, al ser bebés, daban poco juego.

 

También se cargaron al jardinero y algún que otro secundario más, dándole mucho más protagonismo al Almirante Boom y, sobre todo, a Bert, que en el primero de los libros es descrito, exclusivamente, como vendedor de cerillas o pintor de aceras, según el tiempo (la tensión sexual se palpa en ambos casos, que no me lo niegue nadie).

 

¿Por qué un tipo que sale en un solo capítulo se convierte en co-protagonista del film? ¿Por qué este bi-empleado se convierte en pluriempleado? ¿Por qué de un tiempo de autobuses se traslada la historia a un tiempo de coches de caballos? ¿Por qué un camarero rígido y un pingüino solitario se fusionan para convertirse en una cohorte de pingüinos-camarero que idolatran a Mary Poppins (que, por cierto, según Travers es prima hermana por parte de madre de una serpiente cascabel… Ahí lo dejo)?

 

Los cambios no son fortuitos, ni inocentes, claro está. Algunos responden al lenguaje audiovisual: una historia escrita no puede ser contada de la misma forma que una historia filmada. Hasta ahí estamos de acuerdo, pero también podemos estarlo en que muchas de esas modificaciones acaban desvirtuando al personaje. La Mary Poppins de Travers no es una “heroína encantadora”, como describía a la de imagen real el tráiler original de 1964. Dudo mucho que fuese una heroína y tengo clarísimo que no era encantadora (“¡Qué ocurrencia!”, diría ella misma si pudiera leer eso). La literaria es mucho más desconcertante que la de Julie Andrews, y dudo mucho que se le ocurriera cantar, aunque sí contaba con algunos de los elementos más característicos del mito Disney: iba y venía con el viento, tenía un jarabe que cambia de sabor, llevaba consigo un gran bolso “vacío” y una paraguas cuyo mango era una cabeza de pájaro (que no hablaba, por cierto) y usaba un sombrero con margaritas (aunque no siempre, porque su coquetería la hacía cambiar de vestimenta a menudo).

 

Lo de Bert, supongo, es por dar un contrapunto a la estirada de Mary con un personaje divertido, más humano y que sirve de excusa para subir a los tejados para ponerse a bailar como locos con la canción que los hermanos Richard M. Y Robert B. Sherman (que compusieron 37 temas de los que se usaron finalmente 14) se llevaron el Oscar. Lo que me cuesta más entender, sobre todo teniendo en cuenta lo que es la tónica habitual en Disney, es por qué la amantísima madre se convierte en el cine en sufragista. No es propio de esta compañía meterse en berenjenales políticos, aunque bien es verdad que, en el momento del estreno, el voto femenino es algo ya muy superado. Quizás sea sólo una manera de ubicar la historia en el tiempo, o de dotar a la progenitora de un factor que la convierte en más alocada aún de lo que se le supone en los libros, como contrapunto con el padre, bastante más presente en el largometraje, tal vez para darle al mismo un punto más familiar e, incluso, aleccionador.

 

Puede que alguno de estos misterios se desvelen en Saving Mr Banks, si finalmente el proyecto llega a buen puerto. O no, porque ya sabemos cómo es esto de las licencias cinematográficas (que se lo digan a P.L. Travers…). De momento se sabe que el tejano John Lee Hancock (director de la última revisión de El Álamo) estará a cargo del proyecto, que contará con Tom Hanks para dar vida a Walt Disney y Emma Thompson para hacer de la escritora. También se ha hablado de Colin Farrell y alguno más, pero todo está muy en el aire. Lo que tengo claro es que David Tomlinson no podrá encarnar de nuevo al señor Banks, como apunta IMDB. Más que nada, porque falleció en el año 2000 y sería raro… No sabemos quién será Mary Poppins. Eso sí: ha de ser prácticamente perfecta en todo.

 

Continuará… 

 

Penelope Cleese

penny.cleese@gmail.com

Portada de Mary Poppins de P.L. Travers.

Pero, por mucho que ese señor fuese Walt Disney y su compañía fuera ya entonces algo bastante parecido a un imperio, la empresa no iba a ser tarea fácil. Helen (que así se llamaba en realidad Pamela Lyndon Travers, quien normalmente usaba las siglas para ocultar su nombre de mujer) no estaba dispuesta a que su Mary se convirtiera en un monigote de esos que tanto gustaban a Disney y los suyos. Así, cuando la compañía intentó comprar los derechos en 1944 (la primera novela se publicó una década antes), la respuesta fue un rotundo no. Mary Poppins no sería una “caricatura animada”.

Sin embargo, ya en los sesenta, Travers (que había adoptado como apellido el nombre de pila de su padre) cedió, con la condición de conservar su derecho de aprobación. ¿Creéis que tuvo realmente capacidad de decisión en el proyecto? Obviamente, no. De hecho, dicen incluso que no fue invitada al estreno, pero que consiguió colarse a pesar de todo, para acabar horrorizada con el resultado. Sea verdad o leyenda, y por muy maravillosa que a una servidora le parezca la versión cinematográfica, lo cierto es que no es de extrañar que a la autora no le gustara lo que la productora hizo con su personaje y que no volviera a venderle derechos para adaptar más novelas.

P.L. Travers
La Travers, posando.

Actriz, periodista y novelista, Helen (nacida en Australia) creó, basándose en una señora que conoció durante su infancia, a una Mary Poppins mucho más dura que la estricta, pero dulce a fin de cuentas, protagonista de la peli de Disney. La original es menos guapa, más orgullosa (si cabe), más sarcástica y mucho más arisca, hasta el punto de que llama la atención que los niños lleguen a cogerle tanto cariño. Y eso es otra, los niños; Jane y Michael Banks tienes dos hermanos mellizos más pequeños que ellos, John y Barbara, que supongo que eliminaron porque, al ser bebés, daban poco juego.

También se cargaron al jardinero y algún que otro secundario más, dándole mucho más protagonismo al Almirante Boom y, sobre todo, a Bert, que en el primero de los libros es descrito, exclusivamente, como vendedor de cerillas o pintor de aceras, según el tiempo (la tensión sexual se palpa en ambos casos, que no me lo niegue nadie).

¿Por qué un tipo que sale en un solo capítulo se convierte en co-protagonista del film? ¿Por qué este bi-empleado se convierte en pluriempleado? ¿Por qué de un tiempo de autobuses se traslada la historia a un tiempo de coches de caballos? ¿Por qué un camarero rígido y un pingüino solitario se fusionan para convertirse en una cohorte de pingüinos-camarero que idolatran a Mary Poppins (que, por cierto, según Travers es prima hermana por parte de madre de una serpiente cascabel… Ahí lo dejo)?

Los cambios no son fortuitos, ni inocentes, claro está. Algunos responden al lenguaje audiovisual: una historia escrita no puede ser contada de la misma forma que una historia filmada. Hasta ahí estamos de acuerdo, pero también podemos estarlo en que muchas de esas modificaciones acaban desvirtuando al personaje. La Mary Poppins de Travers no es una “heroína encantadora”, como describía a la de imagen real el tráiler original de 1964. Dudo mucho que fuese una heroína y tengo clarísimo que no era encantadora (“¡Qué ocurrencia!”, diría ella misma si pudiera leer eso). La literaria es mucho más desconcertante que la de Julie Andrews, y dudo mucho que se le ocurriera cantar, aunque sí contaba con algunos de los elementos más característicos del mito Disney: iba y venía con el viento, tenía un jarabe que cambia de sabor, llevaba consigo un gran bolso “vacío” y un paraguas cuyo mango era una cabeza de pájaro (que no hablaba, por cierto) y usaba un sombrero con margaritas (aunque no siempre, porque su coquetería la hacía cambiar de vestimenta a menudo).

 

Lo de Bert, supongo, es por dar un contrapunto a la estirada de Mary con un personaje divertido, más humano y que sirve de excusa para subir a los tejados y ponerse a bailar como locos con la canción con la que los hermanos Richard M. Y Robert B. Sherman (que compusieron 37 temas de los que se usaron finalmente 14) se llevaron el Oscar. Lo que me cuesta más entender, sobre todo teniendo en cuenta lo que es la tónica habitual en Disney, es por qué la amantísima madre se convierte en el cine en sufragista. No es propio de esta compañía meterse en berenjenales políticos, aunque bien es verdad que, en el momento del estreno, el voto femenino es algo ya muy superado. Quizás sea sólo una manera de ubicar la historia en el tiempo, o de dotar a la progenitora de un factor que la convierte en más alocada aún de lo que se le supone en los libros, como contrapunto con el padre, bastante más presente en el largometraje, tal vez para darle al mismo un punto más familiar e, incluso, aleccionador.

Puede que alguno de estos misterios se desvelen en Saving Mr Banks, si finalmente el proyecto llega a buen puerto. O no, porque ya sabemos cómo es esto de las licencias cinematográficas (que se lo digan a P.L. Travers…). De momento se sabe que el tejano John Lee Hancock (director de la última revisión de El Álamo) estará a cargo del proyecto, que contará con Tom Hanks para dar vida a Walt Disney y Emma Thompson para hacer de la escritora. También se ha hablado de Colin Farrell y alguno más, pero todo está muy en el aire. Lo que tengo claro es que David Tomlinson (estafadorzuelo de pacotilla en La bruja novata) no podrá encarnar de nuevo al señor Banks, como apunta IMDB. Más que nada, porque falleció en el año 2000 y sería raro… No sabemos quién será Mary Poppins. Eso sí: ha de ser prácticamente perfecta en todo.

 

Continuará…

Penelope Cleese
penny.cleese@gmail.com

 

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Comentarios: 7
  • #1

    El Advenedizo (jueves, 21 junio 2012 13:28)

    Una opción de lo del tema de Mrs Banks sufragista es que me imagino que ya en los 60 quedaba mal tenerla de esposa sumisa, en plena época de la liberación de la mujer y tal y tal, y las sufragistas eran el equivalente.
    No entiendo muy bien la parte de retrasar 20 años la fecha, aunque me imagino que si la parte de los niños en el Banco es igual, son referencias al crack del 29 que igual Disney prefería evitar.
    Y los papeles de Bert y Mr Banks... es que los interpretan 'estrellas', ¿no?

  • #2

    Penny Cleese (jueves, 21 junio 2012 13:40)

    Lo de la señora Banks, puede ser...
    En cuando a lo otro, en el primero de los libros se hace referencia al banco, e incluso los niños van a visitar un día a su padre para tomar el té con él (sí, Jane y Michael toman té, así están), pero no hay rastro del dramático episodio (ni del jefe). No sé en el resto de novelas, en las que Mary Poppins vuelve a casa de los Banks. Salvo Mary Poppins in the Park, no he tenido acceso a ninguna más. Y ahí tampoco sale nada del banco, que yo recuerde.

  • #3

    Cpt. Flint Baker (sábado, 23 junio 2012 13:49)

    Personalmente, siempre he sospechado que detrás de la Mrs. Banks sufragista se ocultaba algún mensaje negativo por parte de Disney, alguna doble intención. Algo como "pobrecitos, están descuidados, el padre todo el día trabajando y la madre por ahí perdiendo el tiempo...". No acabo de fiarme yo de Disney y su discurso de liberación de la mujer, no...

  • #4

    Minister of silly walks (domingo, 24 junio 2012 17:23)

    Pues yo creo que lo de Mrs. Banks sufragista no es más que una forma para ganarse el voto femenino en el camino de Walt Disney hacia la presidencia de Estados Unidos. Pero vio sus aspiraciones frustadas por la llegada de la II Guerra Mundial. Los votantes no querían un presidente que resolviera las crisis internacionales cantando...

  • #5

    Penny Cleese (lunes, 25 junio 2012 13:17)

    Cpt. Flint Baker, la verdad es que es una hipótesis factible, por el carácter que se le supone a nuestro amigo Walt, de ahí que no sea descabellada la teoría del Minister of Silly Walks; el problema es que Mary Poppins se estrenó mucho después de que acabara la II Guerra Mundial. Si cambiamos la contienda por la Guerra Fría... puede ser...

  • #6

    Masticating Juicer (domingo, 21 abril 2013 00:57)

    This is an excellent article! Thank you for sharing with us!

  • #7

    Julia (sábado, 30 abril 2016 12:30)

    Muy interesante esto que nos cuentas. Lo que a mí me gustaría es que me encontrasen una Mary Poppins para mí sola.
    ¿Por qué? bueno porque hace cuatro años cuando la pequeña Ludmila, de 8 años, pero no por eso menos importante entró en mi vida, sin pedir permiso (tiene un carácter que...), empecé a pensar que sólo Mary Poppins podría con ese torbellino que...
    En fin, es largo de contar. Tanto que me da para blog y todo: el blog de Ludmila von Vampüren.
    Si os dais una vuelta por él ¡¡entenderéis perfectamente porque necesito una Mary Poppins, pero ya!!

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